Esa madrugada, desde la habitación del hotel ubicado en la Isla Esteves, pude apreciar un espectáculo natural que me dejo impresionado.
Esa noche fría de invierno, la ventana de la habitación estaba cerrada herméticamente y no podía moderar la calefacción de mi habitación en el hotel.
Me sentía incómodo.
No podía dormir debido a la temperatura que era demasiado caliente para mí.
Sentado sobre la cama, con las cortinas sin correr, traté de serenarme.
Quedé dormido.
No sé cuantas horas fueron.
Al despertar, lo que miré me desconcertó.
Un paisaje de colores, tan bello, que nunca antes había visto.
Los colores del cielo: naranja, rojo, amarillo, verde, azul, añil y violeta; se reflejaban en las tranquilas aguas del Lago Titicaca en Puno.
Dos imágenes iguales, que en el horizonte se unían.
Estaba en otro planeta
Me encontraba en una de las muchas mansiones celestiales del reino de Dios.
¿Estaré muerto?.
Tardé unos minutos en darme cuenta que yo aún seguía vivo.
En la superficie del lago, serena, tranquila, el sol se refleja perfectamente en sus aguas. Si por el contrario, si la superficie del lago está agitada, removida, la imagen del sol no podrá reflejarse en ella.
Algo así sucede en lo que se refiere a mi alma respecto a Dios; cuanto mas serena y tranquila está, más se refleja Dios en mí, más se imprime su imagen en mí, mayor es la actuación de su Poder, su Sabiduría y Amor en mí.
Si, al contrario, mi alma está agitada y turbada, Dios actuará con mayor dificultad.
Cuanto más serena, ecuánime y abandonada este mi alma, mas se reflejará Dios en mí, y a través de mí, a los demás.
La época que vivo, es una época de agitación y de inquietud.
Esta tendencia, evidente en mi vida cotidiana, se manifiesta también con gran frecuencia en mi vida cristiana y espiritual.
Mi búsqueda de Dios y del servicio a mi prójimo suele ser también agitada y angustiada, en lugar de confiada y serena.
Lo sería, si tuviera la actitud confiada de un niño, como la que pide el Evangelio.
Por eso, es fundamental para mi, que llegue a comprender que mi camino hacia Dios, será mucho mas fácil, cuando yo aprenda, paso por paso, a conservar en cualquier circunstancia, una profunda paz en mi corazón.
