Los domingos me visitaba temprano.
Yo vivía en la Residencia de Estudiantes de la UNI.
Pepe desde su casa en Surco viajaba casi una hora porque le gustaba estudiar conmigo. Nos instalábamos en una aula de la Facultad de Ingeniería Civil, para hacer nuestros trabajos escalonados del semestre.
Pepe es un aficionado de la hípica. Es un asiduo espectador de las carreras de caballos en el Hipódromo de Monterrico en Lima.
Después de estudiar, como era nuestra costumbre, nos poníamos a escoger los caballos para jugar a la Polla y al Pollón.
Este juego consistía en acertar los caballos ganadores de las diez carreras programadas para la reunión hípica dominical.
Por cada caballo ganador se tenían 5 puntos y 3 para el caballo que llegara en segundo lugar.
Con 50 puntos se ganaba el pozo acumulado, era el Pollón.
Para escoger los caballos, sorteábamos las carreras. Cinco carreras para él y cinco para mi. Primera, segunda, tercera y así sucesivamente hasta de décima carrera. El domingo al mediodía, íbamos al hipódromo.
Almorzábamos en el comedor del hipódromo y después a la tribuna alta. Allí nos encontrábamos con otros amigos de UNI, tres eramos civiles, dos industriales y otro amigo común, Lalo. Nuestras apuestas eran por diversión, entre los seis escogíamos los caballos. Muchas veces salimos del hipódromo con los bolsillos vacíos. Un domingo, le tocó escoger el caballo de la carrera principal de la reunión.
El Clásico.
De los seis caballos inscritos, había uno que no podía perder. Era el favorito de la prensa especializada.Pepe llevado por su análisis, lo descartó y escogió otro caballo.
Ese domingo nuestros caballos eran ganadores hasta la quinta carrera. Todos los amigos estaban alegres, hasta que llegó la sexta carrera. El clásico.Ganó el favorito y por lejos. El caballo de Pepe llego tercero.
Llego la séptima carrera, nuestro caballo ganó. Igual paso con la octava, con la novena.En la décima carrera, lo vi concentrado.
Nuestro caballo ganó.
Pepe, se quedó pálido. Habíamos perdido el premio millonario. Y lo peor. Eramos los únicos ganadores del Pollón.Al día siguiente. Lunes, todos los estudiantes de la Facultad, sabían lo ocurrido. En el patio, Pepe, en silencio soportaba lo que le decían. Inmutable. No decía nada.El miércoles fuimos a cobrar nuestro premio.
De la Polla solo ganamos una plumita.
















